Analizando la poderosa estrategia de comunicación del gobierno me pregunto si no está empezando a ponerse vieja ya en este contexto de aceleracionismo de la política que el mismo gobierno fomentó. Vuelvo a mis clases de Construcción y Análisis del Discurso Político en la Maestría en Comunicación Política de la Universidad Austral. Lo hago con nuevos contenidos sobre la comunicación gubernamental de Milei. Este año he publicado tres textos sobre la construcción de su dispositivo comunicacional. Son dos capítulos de libro: «El meme como retórica, narrativa y crítica. El caso del presidente Milei» en Comunicar en tiempos convulsos: narrativas, poder y sociedad en la era digital (Mc Graw Hill) y «Función del trolling en la narrativa de gobierno: el caso de Milei en argentina» en Ecologías de sentido. Transformaciones de la cultura mediática contemporánea (Fragua), y un artículo: «Retórica memética en la narrativa económica de Javier Mile» en Revista Más Poder Local, 64. Ya están publicados en mi web: https://dfernandezpedemonte.com/
En estos textos propongo que la comunicación de gobierno de Milei se ha sostenido hasta ahora sobre dos ejes. Por un lado, desde el punto de vista del contenido, Milei expone la doctrina libertaria en sus discursos y largas entrevistas concedidas a periodistas condescendientes, con un registro del saber. Las consignas que intercala, que sólo en apariencia son conclusiones de una argumentación, se difunden con formato de meme por las redes sociales (por ejemplo, el meme de «No hay plata» sirvió para sostener el ajuste). Efectivamente, estas consignas no se derivan de una razonamiento completo sino que constituyen lo que en retórica se denomina entimema: un razonamiento incompleto o directamente falaz. Así, Milei suele sacar conclusiones en el mundo real de hipótesis teóricas contrafácticas e hiperbólicas (como que la inflación podría haber llegado al 17000% si seguían las políticas kirchneristas).
Por otro lado, esta línea argumental se apuntala con el ecosistema de trolls que replica su desaforada confrontación con la casta. Se trata de una polarización vertical, con todo el sistema político mediático y social precedente -dado que forman parte de la casta periodistas, científicos, artistas, algunos empresarios-. Si la retórica memética sirvió para abonar con éxito una narrativa económica, asumida por gran parte de la población -el mandato exclusivo de acabar con la inflación y el consenso inédito sobre la necesidad de tener superávit fiscal-, el trolling sirvió para profundizar la grieta con los privilegios de los políticos y con todos sus defensores.
En el tercer año de su mandato, sin embargo, pareciera que las dos columnas de la estrategia tambalean. Gran parte de la población está confrontando la narrativa económica promovida por el gobierno con su experiencia directa de escasez de trabajo, pérdida de poder adquisitivo, mengua del consumo. A su vez, sobre todo después de Adorni, es cada vez más evidente que el gobierno de Milei se parece a mucho de lo que tildaba de casta y, al revés, quienes más sufren el ajuste -desempleados, jubilados, clase media baja- nada tienen que ver con la casta. Quizás por eso Milei ya no habla de casta sino de alta política, aunque esa nueva etiqueta tampoco explica porqué son los empleados del Estado y no los dirigentes quienes pagan los platos rotos.
En sus últimas intervenciones ha vuelto la versión más agresiva de Milei, con la que se mimetiza ahora el ministro de Economía, tendiente a cancelar cualquier crítica por más fundada que sea, a la vez que la exposición doctrinaria hiperbólica -los casi 13 trillones por ciento de inflación en los 90 años de existencia del Banco Central. Como muchos otros es este «un artilugio con apariencia de verdad que se siente como verdad por ese encantamiento irresistible típico del sofisma, base retórica del idioma público de Milei» sostiene Juan José Becerra en su «Milei, fenómeno verbal», excelente análisis del lenguaje del presidente -ya que no del dispositivo comunicacional diseñado por los ingenieros del caos, en el que ese discurso se inserta-.
¿Qué efecto producirá la reedición del Milei iracundo y dogmático cuando sea su gestión la que se evalúe, es decir cuando se contraste el relato exuberante con las penurias económicas domésticas? Tal vez el de un descalce con la realidad, tal vez la sensación de que antes de terminar de instalarse el dispositivo comunicacional ha dejado de ser funcional y deseado.




